Llanto, llanto
vida luz lágrrima
soy
lágrima fría en el rostro
recorrido mojado en la mejilla.
Llanto
soy
llanto triste, permanente permanece,
DUELE.
Duele ser
yo
duele
saber que nada viene bien
me,
que la gata no decide
y la flora se marchita
se rompe
yo
rompo vidrio, rompo en llanto
irrumpo
interrumpo
charlas ajenas
por temor.
Yo
temo al miedo, temo a mí
me
temo
yo
siento miedo
frío mal dolor
y puede
puede flor flora, felino en llamas.
Llamo.
Yo
grito desesperada
desesperado grito de auxilio
yo
extraño soy
no
conozco lo que soy
no
siento
sólo me siento
sola
yo
estoy
yo
Maga Sarrugeri
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miércoles, 14 de mayo de 2014
jueves, 29 de noviembre de 2012
Casa mental.
Perdida en mi manzana, en mi cabeza, en mi conciencia. Rogando que me oigan, que me quieran, que me salven. Subo escaleras, las recorro y luego bajo. Abro puertas, las golpeo y no me encuentro.
La nostalgia aparece por la ventana, y la melancolía toca el timbre.
Suaves gotas caen, casi llovizna, pero la cáscara de la manzana me protege. ¿Será que no está tan mal estar acá? ¿O la locura no me deja abrir los ojos?
Veo un bosque, pero no es verde, ¿acaso los vidrios me impiden ver color? Todo se vuelve gris.
Oigo ruidos, creo que es la batalla entre el comienzo y el final.
Ahora escucho un leve canto, debe ser un pecado que intenta seducirme.
A lo mejor será peor no dormirme por temor. Prefiero el sueño, porque en ellos yo decido como un dios.
La nostalgia aparece por la ventana, y la melancolía toca el timbre.
Suaves gotas caen, casi llovizna, pero la cáscara de la manzana me protege. ¿Será que no está tan mal estar acá? ¿O la locura no me deja abrir los ojos?
Veo un bosque, pero no es verde, ¿acaso los vidrios me impiden ver color? Todo se vuelve gris.
Oigo ruidos, creo que es la batalla entre el comienzo y el final.
Ahora escucho un leve canto, debe ser un pecado que intenta seducirme.
A lo mejor será peor no dormirme por temor. Prefiero el sueño, porque en ellos yo decido como un dios.
jueves, 16 de agosto de 2012
La partecita de cualquier líquido.
Se quita la ropa, el vapor empieza a hacer imposible mirarse al sistema constituido por una superficie lisa y pulimentada en la que se reflejan los rayos luminosos.
Al meterse bajo el agua nota que el nivel térmico no es el adecuado y cierra un poco el grifo que regula el frío.
Una vez adaptado el cuerpo al líquido formado por la combinación de un volumen de oxígeno y dos de hidrógeno, toma la loción para lavar el cabello y la revuelve en su cabellera. La espuma invade su cabeza y una gota revoltosa cae en uno de sus ojos casi negros. Ardor extremo.
Luego de quitarse la loción, llena su cabeza de acondicionador, suave y patinoso, mientras aprovecha para jabonar el objeto que, por su elasticidad, porosidad y suavidad, sirve como utensilio de limpieza.
Al terminar de enjabonarse el cuerpo, se quita la crema de enjuague y la pasta resultante de la combinación química de un álcali con los ácidos grasos, soluble en agua, que sirve comúnmente para lavar.
Cierra la llave que sirve para cerrar o dar salida a líquidos con sus manos arrugadas por el tiempo bajo el agua. Se escurre el cuerpo y toma el lienzo para secarse que salva, que la protege de la sensación experimentada por el organismo cuando su temperatura es mucho más elevada a la de otro cuerpo que le roba calor.
Sale de la pila que sirve para bañarse y con la mano intenta limpiar el húmedo espejo. Se mira y lo único que logra ver es el maquillaje corrido, corrido como si hubiera derramado lágrimas durante muchos intervalos de tiempo equivalentes a una veinticuatroava parte del día.
Al meterse bajo el agua nota que el nivel térmico no es el adecuado y cierra un poco el grifo que regula el frío.
Una vez adaptado el cuerpo al líquido formado por la combinación de un volumen de oxígeno y dos de hidrógeno, toma la loción para lavar el cabello y la revuelve en su cabellera. La espuma invade su cabeza y una gota revoltosa cae en uno de sus ojos casi negros. Ardor extremo.
Luego de quitarse la loción, llena su cabeza de acondicionador, suave y patinoso, mientras aprovecha para jabonar el objeto que, por su elasticidad, porosidad y suavidad, sirve como utensilio de limpieza.
Al terminar de enjabonarse el cuerpo, se quita la crema de enjuague y la pasta resultante de la combinación química de un álcali con los ácidos grasos, soluble en agua, que sirve comúnmente para lavar.
Cierra la llave que sirve para cerrar o dar salida a líquidos con sus manos arrugadas por el tiempo bajo el agua. Se escurre el cuerpo y toma el lienzo para secarse que salva, que la protege de la sensación experimentada por el organismo cuando su temperatura es mucho más elevada a la de otro cuerpo que le roba calor.
Sale de la pila que sirve para bañarse y con la mano intenta limpiar el húmedo espejo. Se mira y lo único que logra ver es el maquillaje corrido, corrido como si hubiera derramado lágrimas durante muchos intervalos de tiempo equivalentes a una veinticuatroava parte del día.
jueves, 9 de agosto de 2012
Delirio.
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